martes, 25 de junio de 2013

Novedades, junio de 2013: Tusquets Editores



Adiós a Bech de John Updike

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
Andanzas CA 811
ISBN: 978-84-8383-484-8
País edición: España
304 pág.
17,30 € (IVA no incluido)

Envejecer, morir… Ley de vida, dicen. Pero la literatura tiene sus propias leyes, como bien sabe Henry Bech, el escritor judío, álter ego ácido y entrañable de John Updike, que encara la recta final de la vida con el mismo desparpajo de siempre. En esta última entrega de sus desventuras, Bech visita la Praga anterior a la caída del Muro y atisba la peculiar complejidad de un mundo que muere y otro que nace; rememora un antiguo pleito con un representante de Hollywood que le demanda por haberlo llamado sanguijuela, o algo peor; se convierte en presidente de una apolillada institución cultural; emprende una cruzada contra los críticos que le han macerado a lo largo de los años… y se lía con su asesora informática, a la que triplica en edad. Y, bien entrado en la setentena, cuando acaba de ser padre… le conceden el Premio Nobel. Digno colofón a esta apoteósica despedida de la trilogía que se iniciaba con Un libro de Bech y continuaba con Bech ha vuelto.


Henry Bech, el semidesconocido escritor norteamericano, que había cumplido sesenta y tres años en el corriente de 1986, se sentía sosegado, como un gran señor, en la espléndida Residencia, en uno de cuyos extremos le habían cedido una suite durante la semana de su visita cultural a este díscolo puesto avanzado del imperio soviético. Dada su condición de judío, tenía muy presentes a los antiguos propietarios, aquellos plutócratas desaparecidos, sin duda personas exquisitas y plurilingües, que con tal lastimosa confianza, entre las convulsiones de la edad dorada de la Diáspora de la Europa central (que no debe confundirse con la edad dorada de la España sarracena ni con los buenos tiempos vividos bajo los príncipes polacos), habían levantado su palacio al filo del abismo. Para un judío, desplazarse por la Europa de posguerra es moverse entre muchedumbres de espectros, inmensas multitudes animadas que, desde 1945, ya no están ahí, no lo están, se han esfumado. El roce suave como una pluma de esas ausencias misteriosas se siente en todas partes. En el centro de la Praga antigua, el reloj del ayuntamiento judío que, con las sinagogas adyacentes, Hitler pretendió conservar como reliquias de una raza exterminada, todavía va hacia atrás para regocijo de los turistas de ambos lados del Telón de Acero. El cementerio que hay allí, con sus cuatro siglos de difuntos amontonados por las presiones del gueto, y las lápidas entremezcladas como naipes gigantes en una baraja que estuviera siendo barajada, conmovió menos a Bech que el cementerio judío más reciente, en las afueras de la ciudad, adonde le llevó el embajador creyendo que el escritor visitante debía ver la tumba de Kafka.
El embajador era un hombre excepcionalmente pequeño y vital, de pelo rubio ralo repeinado sobre un cráneo pecoso; era un industrial de Akron, activo recaudador de fondos para el partido republicano, que había creído en Reagan cuando la mayoría de los barones más informados del partido todavía se reían ante la posibilidad de ver a un actor de cine en la Casa Blanca. Por su lealtad y presciencia, había sido recompensado con el cargo de embajador en ese destino, lo que además tenía su lógica, ya que contaba con antepasados checos; sus abuelos habían llega do a Pittsburgh desde la cuenca minera de Moravia, y en su casa todavía se hablaba checo durante su infancia.
—Les encanta oírme hablar —le contó a Bech con su apabullante sonrisa de pillo—, les sueno muy anticuado. Es como si, en inglés, alguien hablara como en la Biblia del rey Jacobo. —Bech imaginó que por la cara cuadrada del embajador revoloteaba la sospecha de que los judíos no tuvieran mucho que ver con aquella Biblia. El hombrecito se apresuró a añadir, para que no quedara la menor duda—: Supongo que les sueno pintoresco de narices.

Para una memoria futura. (Si la memoria tiene un futuro) de Leonardo Sciascia

CIENCIAS SOCIALES (NF). Periodismo
Junio 2013
Andanzas CA 812
ISBN: 978-84-8383-485-5
País edición: España
192 pág.
14,42 € (IVA no incluido)

Leonardo Sciascia no sólo se atrevió a abordar la realidad de las organizaciones mafiosas en sus novelas: también lo hizo abierta, valientemente, en las páginas de periódicos y revistas italianos. Al hilo de sucesos significativos —asesinatos, casos judiciales—, el autor siciliano expuso a la opinión pública el fenómeno mafioso, y lo interpretó no como un hecho subversivo del orden establecido, sino como un sistema paralelo y especular respecto del Estado y de sus leyes. Rompió así el silencio que hombres e instituciones guardaban sobre el viejo problema, con lo que contribuyó a esa concienciación que llevó al Estado italiano a luchar de manera abierta contra la mafia. Esta obra, que recoge los artículos publicados por Sciascia en la década de 1980, es un valioso instrumento para comprender el contexto de silencio, sigilo y protección que ha permitido a la mafia, y a su oculta estructura jerárquica, extenderse y perpetuarse. 


No esperaba que Pertini me contestara diciendo que estaba de acuerdo y me prometiera que intervendría en el sentido que yo deseaba, pero sí al menos que acusara recibo de mi carta. Creía tener derecho a una respuesta: como ciudadano antes que como escritor, y como persona a la que, un año antes, había recibido con tanta confianza. El más absoluto silencio, sin embargo. Silencio que, lo confieso, me decepcionó mucho, además de ofenderme, y desde aquel momento tuve un juicio más negativo y receloso tanto de Pertini como de lo que ocurría en la Administración de Justicia. Yo ya había escrito y declarado (hasta en la televisión francesa) que estaba absolutamente convencido, no de una manera sentimental sino objetiva y racional, de la inocencia de Enzo Tortora: las pruebas ahí estaban, al alcance del más modesto juicio crítico. Pese a ello, Tortora debió sufrir un calvario judicial de tres años y tres meses, con consecuencias letales.
Condenado por el tribunal de Nápoles a diez años de reclusión, creo, Tortora fue absuelto por el Tribunal de Apelación con una sentencia jurídica y moralmente ejemplar, absolución que ratificó el Tribunal Supremo. El sacrificio personal de Tortora sirvió, con todo, para dar a los italianos la impresión de que los jueces podían hacer lo que les daba la gana, destruir a una persona inocente en su reputación y bienes, y, sobre todo, privarla de la libertad. La inquietud del país la sintieron más los socialistas y radicales, que promovieron un referéndum para aprobar una ley que, en casos como el de Tortora, responsabilizara directamente a los jueces. La mayoría de los italianos votaron a favor de la propuesta; pero el Parlamento casi desautorizó el resultado.
Entretanto se planteaba —con lo que se admitía su existencia, que antes habían negado los gobiernos— el problema de las asociaciones criminales meridionales, de la mafia sobre todo. Problema que las instituciones asumieron como lucha finalmente abierta y frontal contra la mafia, pero también como lucha por el poder dentro de las instituciones mismas y los partidos políticos. Yo, que fui el primero en la historia de la literatura italiana que di una representación no apologética del fenómeno mafioso, aunque siempre preocupado por que acabara combatiéndosela con los mismos métodos con los que el fascismo la había combatido (una mafia contra otra), movido por la lectura del libro de Christopher Duggan sobre mafia y fascismo, sobre mafia y poder político, escribí una serie de artículos en este sentido en el Corriere della Sera que provocaron una terrible polémica, y por los que se me acusó de debilitar la lucha contra la mafia y poco menos que de favorecer su existencia.
Lo cierto es que necios hay muchos; y fanáticos, aún más; gozan de tan buena salud no mental que pueden pasar de un fanatismo a otro con perfecta coherencia, permaneciendo, sustancialmente, inmóviles en el eterno fascismo itálico. Su sueño, y también su práctica, es el Estado que el fascismo llamaba «ético» (no se sabe de qué ética). Hay que reconocerles, con todo, una especie de buena fe: contra la verdadera ética, contra el derecho, incluso contra la estadística, ellos creen que la dureza de las penas (incluida la de muerte), la represión violenta e indiscriminada, la abolición de los derechos de los individuos, son los mejores instrumentos para combatir cierta clase de delitos y asociaciones criminales como la mafia, la ’ndrangheta y la camorra. Y seguirán creyéndolo.

Dinero para fantasmas de Edgardo Cozarinsky

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
Andanzas CA 810
ISBN: 978-84-8383-483-1
País edición: España
136 pág.
13,46 € (IVA no incluido)

La historia de un amor, el que arrastra a dos personajes marginales de Buenos Aires a vivir peripecias novelescas en el otro extremo del mundo, enciende la imaginación de un viejo escritor ya hastiado de la vida y lo lleva a reinventarse. A su vez, la vida de ese anciano germinará, como una semilla impulsada por el viento, en la relación de dos jóvenes que apenas empiezan a asomarse a la vida. Si el dinero para fantasmas del título alude a una antigua creencia china, también las historias que recorren esta novela van abriéndose una tras otra, en una estructura de cajas chinas. Mientras, los personajes cruzan sus existencias y dibujan pasiones vividas e imaginadas, entre el deseo no apagado por los años y el que estalla en quienes dan sus primeros pasos en el amor.
 

Sus padres veían sin optimismo esa elección: esos estudios no correspondían a lo que ellos llamaban una carrera. Eran gente instalada en otros tiempos, modestamente protegidos por la vida casi rural, apenas urbana, de una localidad aislada a unos mil kilómetros de la capital; habían sobrevivido a décadas de naufragio social sin registrar la caducidad de ciertas nociones, sin sospechar la precaria, acaso nula utilidad de todo diploma a principios del nuevo siglo. Solo el estancamiento de los estudios emprendidos por el hijo en la universidad provincial los convenció para autorizar el giro mensual que le permitiría respirar en Buenos Aires. Después de todo, la única vocación visible del chico había sido, desde la adolescencia, la de escapar lo más lejos posible de su familia. Internet, a pesar de una conexión voluble, había sido su hada madrina. Allí encontraba el cine que el cable no ponía a su alcance, y guiado por algunas páginas cinéfilas se había familiarizado con lo que aprendió a llamar cine de autor: en el disco rígido que lo acompañó a la capital convivían las obras completas de Antonioni con las de Sokurov. No sabía que era, él mismo, un sobreviviente de entusiasmos y lealtades que muchos de sus futuros compañeros porteños, adictos al trash y al gore, iban a considerar anacronismos.
Aquella mañana de marzo, en el café La Amistad de la calle Garay, Martín tomó una foto de la barra, del espejo donde, detrás de alcoholes que él no conocía, ginebra Bols en su botellón de barro, grapa, caña, fernet, se reflejaban las mesas y se duplicaba la luz fuerte que llegaba de la calle en uno de los últimos días de verano. Fotografió también la avenida y la esquina a través de esas ventanas sobre cuyo vidrio las letras pintadas en el exterior, leídas al revés desde el interior, permitían descifrar el nombre prometedor del café. El patrón había autorizado esa intrusión: la juventud del fotógrafo, la mención de la escuela de cine, todo lo predispuso a una sonrisa; a otra hora del día, lejos del desayuno, por respeto a los habituales bebedores no habría accedido. En alguna de las fotos, un poco borroso, iba a aparecer el viejo, inclinado sobre su cuaderno.
—Parece Oribe, Andrés Oribe —dijo al estudiar la foto el profesor que había encomendado la tarea.

¿Cuánta verdad necesita el hombre? de Rüdiger Safranski

FILOSOFÍA (NF). Ensayo filosófico (ética, metafísica, teoría del conocimiento, etc.)
Junio 2013
Ensayo E 91
ISBN: 978-84-8383-486-2
País edición: España
224 pág.
15,38 € (IVA no incluido)

La pregunta por la verdad es tan antigua como la filosofía occidental, probablemente porque los seres humanos necesitamos creer no sólo en verdades concretas, sino también en la existencia de la Verdad. El gran pensador y ensayista Rüdiger Safranski explora en estas páginas una cuestión esencial para la historia del pensamiento y que filósofos y escritores como Rousseau, Kleist, Nietzsche o Kafka tensaron al máximo: el hombre tiene la conciencia de ser un sujeto escindido, separado tanto de sí mismo como del resto de la naturaleza, y necesita las creaciones del arte y de la cultura para reconciliarse consigo mismo y con sus semejantes.
Sin embargo, según Safranski, el anhelo metafísico de recuperar esa unidad perdida, esa vida «verdadera», puede también enturbiar la vida política y llevarnos a los peligrosos abismos del mesianismo y el totalitarismo.
 

El hombre ha envidiado al animal por ser pura natu­raleza, sin la perturbadora presencia de la conciencia; a Dios por ser puro espíritu exento de la molesta naturaleza, y, por último, a ese animal divino que es el niño. Ha envi­diado por tanto su propia infancia, su espontaneidad e inmediatez perdidas. Nuestros recuerdos nos hacen creer que en un tiempo remoto, del mismo modo que nuestra infancia llega a su fin, fuimos expulsados del paraíso.
Casi todos los sueños triunfales en los que dentro y fuera, conciencia y ser, yo y mundo coexisten en mágica unidad se alimentan del repertorio de imágenes de una infancia recordada o imaginada.
Uno de estos relatos oníricos, proveniente de China, cuenta la historia de un pintor que llegó a viejo después de dedicar toda su vida a un único cuadro. Una vez que lo hubo terminado, invitó a los amigos que aún le quedaban para mostrarles su obra: en ella se veía un parque, y entre los prados un estrecho camino que conducía a una casa situada en un alto. Cuando los amigos, listos para dar su opinión, se giraron hacia el pintor, éste ya no se encontraba junto a ellos. Miraron de nuevo hacia el cua­dro: allí estaba él, recorriendo la suave pendiente del ca­mino; abrió la puerta de la casa, se paró un momento, se volvió, sonrió, les dio nuevamente la espalda y cuidado­samente cerró tras de sí la puerta dibujada.
El pintor entra en el cuadro como si de su verdadero hogar se tratara, lo que supone alejarse de los demás. Para los que han quedado atrás esta desaparición equi­vale a la muerte, aunque la historia relata más bien una llegada, una vuelta a casa, momento feliz del que no se explica una palabra a los que quedan fuera del cuadro. Como mucho, se podría observar la pintura y decirles: ahí, en el cuadro, encontraréis expresado ese gozo.
Podríamos acentuar el motivo de lo indecible en el relato: una vez que desaparece el pintor en su obra, ten­dría que desaparecer también el cuadro, quedando un vacío, una perfecta ausencia. Si pudiéramos dar marcha atrás al proceso completo, de tal manera que de la nada surgiera el cuadro y del cuadro pudiera salir nuevamen­te el pintor, ¿qué nos podría contar de lo de ahí dentro?
Estas historias prometen una plenitud, y sin embar­go nos dejan sumidos en el vacío. Susurran el misterio de lo más profundo del ser y provocan la sugestión de la verdad de la vida, como si esa verdad fuera inefable, y como si justamente esa inefabilidad fuera superior a todo lo que se puede decir de ella. Es esa oscura y des­bordante pérdida del mundo, que a su vez parece pro­venir de sus propias entrañas, lo que las hace tan seductoras.

Fabulosas narraciones por historias (MAXI) de Antonio Orejudo

NARRATIVA (F). Novela
Junio 2013
MAXI MAXI 033/2
ISBN: 978-84-8383-719-1
País edición: España
384 pág.
9,56 € (IVA no incluido)

Fabulosas narraciones por historias relata las peripecias de tres amigos que dejan de serlo: Santos, de origen rural, que en la gran ciudad descubre su debilidad por las mujeres maduras y la pornografía; Martiniano, sobrino de Azorín, que odia a los intelectuales tras los malos tratos recibidos de su tío; y Patricio, escritor nobel que sueña con publicar una novela. Los tres jóvenes, internos en la Residencia de Estudiantes, viven el bullicio de los años veinte en Madrid. Pero entre novatadas, enfrentamientos y explosivas tertulias, apenas perciben que ponen en peligro un plan secreto para crear una generación literaria: la del 27.


¿Y si después de todo no era un genio? Las famosas vidas ajenas presentaban siempre centenares de marcas. En la suya, sin embargo, nunca lograba encontrar ninguna. Su infancia no fue difícil ni estuvo marcada por la miseria o por el sino de la fatalidad; todo lo contrario: primogénito, varón, niño de buena familia, padres leídos y tío inmortal. ¡Y tío inmortal! Bueno, ¿y qué? Nada de eso incapacitaba para la genialidad, que él supiera. Proust no descendía de mineros precisamente, sino más bien de una familia que había comido buena carne en todas sus generaciones, aunque eso le hubiera lucido bien poco al joven Marcel, que se había pasado en cama media vida. Pasarse en cama media vida, ¿veía él? ¡Ahí estaba la marca! En cuanto indagaba un poco en la vida de los grandes escritores, enseguida encontraba los signos de la genialidad, las cruces de tiza con que la naturaleza había querido marcarlos desde su nacimiento para que no tuvieran dudas en los momentos de tribulación. Pasarse en cama media vida era un síntoma inequívoco de genialidad. ¿Qué marcas tenía él para escapar de su propio Huerto de Getsemaní? ¿Qué sucedería si decidiera no levantarse mañana y no quitarse el camisón hasta haber culminado varios tomos de una obra maestra? En primer lugar, no estaría a las ocho en la Puerta del Sol, donde se había citado con Marc. En segundo lugar, al no verle aparecer, Marc decidiría ir solo a esperar a Santos, que llegaba sobre las nueve a la Estación del Norte. Dónde está Pátric, preguntaría Santos. No lo sé, respondería Marc; habíamos quedado a las ocho en la Puerta del Sol, y me ha dado plantón. Entonces regresarían corriendo a la Residencia; subirían asustados a su cuarto; y, al encontrarle en la cama, le preguntarían si estaba enfermo. No, contestaría él; es que no pienso levantarme hasta que no termine esta maldita novela. Sus amigos se quedarían de una pieza, pero después, en tercer lugar, le sacarían a sombrerazos de la cama. Qué ocurrencia, exclamarían; no salir de la cama precisamente el día que Santos volvía de vacaciones, y cuando a Marc le quedaban tan sólo veinticuatro horas para marcharse a Londres. Con esa clase de amigos era muy difícil ser un genio: jamás le iban a permitir que guardara cama si no padecía una enfermedad, una buena enfermedad. Proust había sufrido una: la tuberculosis. ¿Veía él? ¡Otra marca! ¡Qué fácil sería todo si él tuviera tuberculosis! O cualquier otra señal. Sade era rico y perverso; Baudelaire tenía una frente sobrenatural; Galdós era canario; Poe, alcohólico; y Cervantes, manco. Siempre se olvidaba este detalle, cuando para él era evidente la relación entre ser manco y escribir el Quijote. Una tara física como ésa tenía que proporcionar todo el resentimiento que se necesitaba para culminar una obra de arte. ¿Sería él capaz de cortarse un brazo para, de ese modo, poder escribir una novela que cambiara el rumbo de la literatura occidental? Él creía que sí; pero en la vida, antes de hacer algo irreversible, había que pensar muy bien los pros y los contras.

Las brujas de Salem y El crisol (MAXI) de Arthur Miller

CINE, TEATRO Y RADIO (NF). Guiones cinematográficos y radiofónicos
Junio 2013
MAXI MAXI 037/1
ISBN: 978-84-8383-718-4
País edición: España
272 pág.
8,60 € (IVA no incluido)

Las brujas de Salem: En 1692, en la localidad de Salem, pacífica pero sofocante debido a la religiosidad estricta que rige su vida cotidiana, corre el rumor de que una joven ha hecho un obsceno maleficio. Los habitantes se acusan unos a otros, y se inicia un juicio que tal vez propicie temibles venganzas... Miller concibió Las brujas de Salem en la época negra de la «caza de brujas» desplegada en Estados Unidos durante el macarthismo. Posteriormente colaboró en su adaptación al cine, titulada El crisol y cuyo guión se ofrece a continuación de la obra teatral.


Tempestades de acero (Fábula) de Ernst Jünger

BIOGRAFÍAS, AUTOBIOGRAFÍAS Y MEMORIAS (F). Biografías, autobiografías y memorias
FILOSOFÍA (NF). Biografías, autobiografías y memorias
HISTORIA (NF). Biografías, autobiografías y memorias
Junio 2013
Fábula F 366
ISBN: 978-84-8383-488-6
País edición: España
464 pág.
10,52 € (IVA no incluido)

En 1914, al estallar la primera guerra mundial, Ernst Jünger se alistó como voluntario en el 73 Regimiento de Fusileros y fue enviado al frente francés. Durante la contienda llevó un Diario de guerra a partir del cual, en 1920, redactó Tempestades de acero, una de las mayores obras de la literatura de guerra de todas las épocas. Sus páginas, nacidas en el fragor de los combates, en hospitales o en trincheras que se convirtieron en la tumba de cientos de miles de soldados, componen una verdadera novela de formación y, al mismo tiempo, una honda reflexión en torno al destino de un siglo que empezó bajo el signo de esta masacre inusitada.

 
Elogio de la imperfección de Rita Levi-Montalcini

BIOGRAFÍAS, AUTOBIOGRAFÍAS Y MEMORIAS (F). Biografías, autobiografías y memorias
Junio 2013
Fábula F 365
ISBN: 978-84-8383-487-9
País edición: España
304 pág.

Apasionado balance de una trayectoria profesional y vital coronada con el Premio Nobel de Medicina, Elogio de la imperfección narra una odisea, la protagonizada por Rita Levi-Montalcini a lo largo de un siglo. Nacida en el seno de una familia judía, Levi-Montalcini vivió su infancia en Turín mientras se libraba la primera guerra mundial. Pese a la oposición paterna, se matriculó en medicina para doctorarse posteriormente en neurocirugía. Ayudante del eminente histólogo Giuseppe Levi (el padre de Natalia Ginzburg), montó un laboratorio en su propia casa cuando las leyes raciales de la Italia fascista le impidieron proseguir sus investigaciones. Tras la segunda guerra mundial, desarrolló su carrera científica en Estados Unidos, y el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso (NGF) le valió en 1986 el Premio Nobel de Medicina.

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